¿Pueden los padres ser amigos de sus hijos?

Tomado de http://psiquiatriaysaludmental.es.tl/
Amistad.
Proviene del latín *amicĭtas, -ātis, por amicitĭa,.
Es el Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
Los padres quieren convertir la amistad en la forma de relación con los hijos. Profundo error.
 
Debido a que los seres humanos tardamos varios años en desarrollar las capacidades que nos permiten sobrevivir por nuestros propios medios, es fundamental para los hijos menores ver a sus padres como personas superiores a ellos, capaces de cuidarlos y protegerlos hasta que sean adultos y puedan hacerlo por sí mismos. Tener un padre con quien se siente de igual a igual no le transmite al niño confianza en esta capacidad.
La amistad auténtica aquí consiste en comprender y compartir su sufrimiento, su gozo y ayudarles en su tarea.
Conocimiento y ayuda, en definitiva. Así maduran nuestros “amigos/ hijos”.
El papel funcional de los padres: es establecer límites referentes, por medios de los cuales nuestros hijos comiencen a construir su identidad, ya que en esta etapa no son capaces de afrontar las consecuencias de sus actos, es necesario enseñar a los niños a adoptar decisiones.
Lo complicado del vivir no es tomar decisiones, sino prepararse para afrontar las consecuencias que siempre, siempre, se derivan de las decisiones tomadas.
Recordemos que los verdaderos amigos de nuestros hijos -ellos y ellas- serán los que tienen su misma edad, sus mismos problemas, ilusiones e inquietudes. Y nada de eso tenemos nosotros.
Ser amigo de un hijo adolescente es difícil pero no imposible, ya que los adultos y los adolescentes tienen distintos intereses y motivaciones, distinta mentalidad.
La amistad no es algo innato; hay que conquistarla. Ha de ser alcanzada y mantenida. Dice el profesor Millán Puelles, «necesita tiempo» de crecimiento, de esfuerzo, de ganarse la confianza del amigo, de hacerse dignos de él.
¿Y cómo van a confiar los niños en unos padres que mendigan su amistad, o a admirarlos cuando se dejan “mangonear” e irrespetar por ellos?
Son muchos los menores que se sienten atemorizados e inseguros porque ven a sus papás como personas incompetentes e inestables, y no como las figuras superiores que rigen su vida.
Que los niños se acerquen a los padres y tengan confianza en ellos depende de la calidad y cantidad de tiempo que compartan y no de la informalidad con que se traten.
Lo que sí parece factible es tener una comunicación fluida en ambas direcciones basada en la confianza mutua.
Para esto es necesario que los padres sepan adaptarse al mundo de los adolescentes. Deben evitar ser únicamente útiles, establecer límites razonables, y poner normas comprendiendo que en ocasiones no se pueden negociar. El castigo ha de usarse como último recurso, debe ser proporcional y estar vinculado a una conducta positiva.
Confíen en sus hijos, explíquenles sus desiciones, ellos son inteligentes y los comprenderán, Escúchenlos, no los juzguen, déjenlos que hagan las cosas por sí mismos, permítanles que se equivoquen, del error también se aprende, acepten sus opiniones, y considérenlas, así les enseñan que ellos merecen respeto y uds. Son humanos también, vean las cosas desde su punto de vista , de acuerdo a su edad, trátelos con respeto y afecto, no tema darles un abrazo o decirles que los quieres, te aseguro que eso lo recordaran toda su vida, más que la blusa o el ipod nuevo que les compraste, ya que los objetos se pierden, pero los recuerdos lindos nunca se olvidan, deja huellas en ellos con tu cariño y tu amor, que junto con la disciplina y la educación es lo que más recordaran de ti. Sean sus padres, es ahora cuando ellos te necesitan de esa forma.
Durante la infancia los hijos necesitan ver a sus padres como sabios y todopoderosos, y durante la adolescencia como personas dignas de toda admiración. En esta forma crecerá en ellos un sentimiento de veneración, confianza y gratitud hacia sus padres, que más adelante se traducirá en una profunda y perdurable amistad.
La sabiduría de los proverbios chinos es innegable, y por algo hay uno que dice,
“Que mis hijos hasta los diez años me reverencien,
hasta los veinte me respeten y hasta la muerte me amen”
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